En un sótano olvidado del Jirón de la Unión, Nathaniel Rossi de la Vega dedica sus días a restaurar libros antiguos. Convencido de que el anonimato es la única forma de ser real en un mundo obsesionado con la idea de ser visto, ha hecho de la soledad su refugio. Pero una noche, un arcón de madera llega a su puerta con un secreto oculto durante siglos: el Sefer Dravya.
El Secreto del Grimorio es el viaje de un hombre que decide dejar de ser una pieza en el tablero para convertirse en el creador de su propia verdad.
Entre geometría sagrada, mecánica cuántica y antiguos símbolos, el Sefer Dravya plantea una idea inquietante: la mirada del observador construye la realidad. Cada página es una llave; cada capítulo, una puerta que solo se abre cuando decides mirar.
«Nada tiene una posición definida hasta que se mide. Tu mirada es lo que ancla la realidad a lo tangible.»
Un grimorio es un libro que se opera. Durante siglos circularon por los márgenes de Europa y del Mediterráneo manuales más que contar historias: daban instrucciones. Tablas de correspondencias, sellos, nombres, advertencias sobre lo que convenía no hacer. La Clavícula de Salomón, el Picatrix, el Libro de Abramelin. Distintos entre sí, todos comparten una premisa: que el mundo tiene una gramática, y que quien la aprende deja de estar sujeto a ella.
El Sefer Dravya pertenece a esa tradición, pero nunca existió: fue escrito para esta novela. Su nombre junta dos lenguas que no suelen encontrarse. Sefer es «libro» en hebreo, la palabra con la que empiezan los títulos de la cábala. Dravya es «sustancia» en sánscrito; en la filosofía jainista nombra aquello de lo que está hecho lo real, la materia básica del universo. Un libro de la sustancia.
Lo que propone no es magia, o no del modo en que se espera. Es una idea que la física del siglo XX dejó sobre la mesa y nunca terminó de recoger: que el observador no es neutral, que medir algo lo altera, y que antes de ser mirado lo que hay no es una cosa oculta sino una cosa indecisa. El ocultismo llevaba seiscientos años diciendo algo parecido con otro vocabulario. La novela se instala justo en esa coincidencia incómoda.
La historia ocurre en Lima, y la dirección importa. Nathaniel Rossi de la Vega restaura libros antiguos en un sótano del Jirón de la Unión, en pleno damero que Pizarro trazó en 1535. El centro de Lima es una ciudad construida encima de otra: sótanos que fueron claustros, calles que cambiaron de nombre tres veces, edificios republicanos parados sobre cimientos coloniales. Que un arcón con un grimorio dentro llegue a esa puerta es menos improbable de lo que suena.
Cuando el arcón se abre, el libro no le entrega poder. Le entrega una sospecha, que es bastante peor: la de que la realidad que viene aceptando sin discutir tiene una costura, y que él ha estado del lado equivocado de ella toda su vida.
Porque un grimorio sin diagramas es apenas la descripción de un grimorio. Cada capítulo incorpora láminas —geometría sagrada, sellos, el cubo de Metatrón desplegado— que no ilustran la escena: son el objeto del que la escena habla. Quien lee tiene en las manos, en parte, el mismo libro que Nathaniel tiene en las suyas. Esa es toda la apuesta de la edición física.
Si quieres probar esa mecánica antes de leer la novela, el Oráculo del Sefer es una tirada interactiva que funciona con la misma lógica: no responde hasta que alguien mira.
Descubre ilustraciones exclusivas inspiradas en textos prohibidos, manuscritos antiguos y teorías sobre conciencia y realidad. Cada capítulo incorpora diagramas, símbolos y geometrías que convierten la novela en una experiencia inmersiva para lectores interesados en el misterio, el esoterismo y las grandes preguntas de la existencia.
Láminas elaboradas a partir de grabados históricos, textos esotéricos y teorías científicas que exploran cómo la conciencia participa en la construcción de la realidad.
Ilustraciones inspiradas en investigaciones sobre el cerebro, la imaginación y los estados liminales de la mente, donde la percepción se vuelve maleable.
Diagramas simbólicos nacidos de años de estudio en física, filosofía y tradiciones iniciáticas, reunidos para revelar patrones ocultos entre materia, mente y significado.
«El universo solo arma el escenario hacia donde diriges la mirada; tú no eres un espectador pasivo — eres el agente que obliga a las posibilidades a colapsar en una única realidad.»
Entrevista en Ellos & ellas+, de Revista Caretas, sobre el origen del Sefer Dravya y la escritura de la novela.
Escritor y director audiovisual peruano. Firma su trabajo artístico como Rex Zero, un nombre que viene de antes de los libros, de cuando lo suyo era la imagen en movimiento. Escribe ficción que se apoya en lo fantástico para hablar de cosas bastante concretas: la identidad, la paranoia, el peso de ser mirado.
El Secreto del Grimorio: Sefer Dravya es su novela más extensa y la primera que publica en edición ilustrada, con láminas integradas al relato. Antes había publicado relatos de terror y ciencia ficción ambientados en el Perú, y textos más breves donde ya aparecía la obsesión que atraviesa el Sefer: qué pasa cuando alguien deja de aceptar la versión de la realidad que le tocó.
Trabaja desde Lima. Cuando no está escribiendo, dirige y produce audiovisual en GasMask Studios.
Deja de ser una pieza en el tablero. Edición con Tarot, lista para abrirse ante tu mirada.
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